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¿Renunciar a las tarjetas de crédito?

Cada vez son más las personas que apuestan por los pagos en metálico y renuncian al uso masivo de las tarjetas de crédito. Es un hecho que los costes que este producto genera provocan rechazo, aunque realmente lo que tendríamos que analizar es su mal uso, algo muy extendido cuando se convierten en alternativa a la financiación; algo que no son.

¿Pero realmente se puede vivir sin estos productos financieros? Lo cierto es que, como indicábamos, cada vez son más las personas que se inclinan por abandonar las tarjetas de crédito en beneficio no solo de los pagos en metálico sino de otros modelos de tarjetas como las de débito, prepago o de pago aplazado sin intereses.

Analizamos qué es mejor si necesitas financiación ¿tarjeta de crédito o crédito?

 

tarjetas crédito

¿Por qué se renuncia a la tarjeta de crédito?

La funcionalidad de renunciar a la tarjeta de crédito reside precisamente en eliminar la compra a crédito y la disposición en metálico en las mismas condiciones, por tanto, ya de inicio partimos de un punto irrevocable, no compraremos a crédito, o en todo caso, lo haremos a través de tarjetas especializadas exclusivamente en este modelo de compra, tarjetas de pago aplazado exclusivas para compras que, por norma, van a presentar mejores condiciones que una tarjeta de crédito al uso en lo que a compras y  aplazamiento de pago se refiere.

En este artículo encontrarás un repaso a las diez mejores tarjetas de crédito del mundo

Visto y aceptado lo anterior lo demás es relativamente simple, los pagos a través de las tarjetas de débito, siempre y cuando éstas no nos generen comisiones , funcionarán siempre contra el disponible en nuestras cuentas, no generando mayor endeudamiento que el de la propia compra y eliminando de raíz el crédito.

¿Qué evitamos al renunciar a las tarjetas de crédito?

Lo que obtenemos de una tarjeta de crédito es evidente, las ventajas que este producto puede proporcionar son claras, y el uso también lo es, sin embargo, a veces, conviene detenerse en aquellos elementos no tan positivos o directamente negativos que este producto aporta.

De entrada evitamos unos costes que, aunque en algunos casos se nos presentan como ausentes, suelen asociarse a un nivel de exigencia determinado de consumo o un grado de vinculación que, de no necesitarse, puede llegar no sólo a compensar sino incluso a aumentar el gasto en relación a lo ahorrado.

¿Renunciar a la tarjetas de crédito?

Debemos tener en cuenta que las comisiones medias anuales por tarjetas de crédito, independientemente de las comisiones añadidas como por ejemplo por disponibilidad de cajeros, vienen a generar cerca de 40 € anuales. Si a esto le sumamos los gastos por disponibilidad en métalico, que presentan una media verdaderamente alta, el gasto final anual es importante.

Otra cuestión que evitamos, y que a veces no tenemos en cuenta, es el sobrecoste que le podemos llegar a adjudicar a una compra o servicio, debemos tener en cuenta que la compra a crédito con las tarjetas va a añadir los costes propios de los intereses, en algunos casos comisiones, y en el peor de los casos gastos por impagos y aplazamientos. Directamente vinculado con esta cuestión no debemos omitir el hecho de que no disponer de crédito inmediato significa probablemente una mayor racionalidad en la compra, claro que por otro lado también significa no poder acceder en algunos casos a productos o servicios que necesitamos adquirir puntualmente en un momento de escasez de metálico.

El resumen final de todo esto realmente queda a gusto del consumidor, se podría concluir que la tarjeta de crédito ha venido ya a considerarse una especie de mal necesario e incorporarse a nuestros productos de uso cotidiano con cierto toque de resignación, sin embargo, y esto es una realidad, cada vez son más las personas que deciden prescindir de este producto.

 

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